lunes, 13 de junio de 2016

Encontrando a Ratatouille



 Después de mi vuelta a Bangkok desde Myanmar me bajo “depre post-viaje” dentro del viaje. Antes de irme por un mes, la familia de amigos se separó; todos teníamos distintos planes, y cuando volví estaba sola. Bueno, yo me fui de viaje sola y sabia que estaría sola, pero ya llevaba 3 meses “no sola”, y volver a estarlo fue fuerte para mí.

Llegue a Bangkok sin planes, o con muchos planes en realidad. Cada día cambiaba de idea con respecto a lo que quería hacer (me iría a China, India, Iran, Filipinas, etc), pero cada día me arrepentía, cambiaba de idea y me frustraba mucho. Empecé a conocer gente de couchsurfing con la que me quedé a dormir, y también para juntarnos a turistear o comer algo. En mi cuarto o quinto día de depresión-Bangkok, me encontraba en un hostal al lado del rio, era un lugar horrible con cero higiene (como casi todos los lugares donde me hospedo, pero con mucha onda, aunque yo no lo aproveché) pero éste tuvo la singularidad de darme una experiencia religiosa: después de la ducha olvidé el shampoo, así que volví a buscarlo, y cuando estiré la mano, y mis dedos hacen contacto con el envase…una rata enorme, enorme, gorda, gris, enorme, con una tremenda cola salta por encima de mi mano, dentro de la ducha. Yo por supuesto salgo corriendo y chillando (muy madura), y la rata hizo lo mismo, corría y chillaba en mi dirección, y no sé cómo, llegué de un solo salto a mi cama, que era en la litera de arriba. 

Mucha gente lo encontró gracioso, pero yo en mi estado de odio contra todo el mundo, “perdida” en Asia sin saber que hacer de mi vida, sola sin amigos, y sin expectativas, y con una rata persiguiéndome por el hostal, claramente no lo encontré muy gracioso. Metí a la fuerza mis cosas a la mochila y me fui a juntar con un amigo que conoci por couchsurfing,  que me mostraría su hostel en pleno Kah San road (la calle principal de fiesta y venta de muuuchas cosas), que por lo que me dijo no era muy decente, pero era barato y estaba bien ubicado.
Eran mas o menos las 2 de la tarde, mi mochila pesaba 1000 kilos, hacían 80 grados de calor y la humedad era del 900 por ciento. Mentira. Pero así me sentía, transpirada, cansada, deprimida, con los pies sucios y sin tener un lugar donde dormir. Cuando ya llevábamos unos 20 minutos caminando me desesperé: necesito un hostal AHORA!!!! Mi amigo me pidió calma ya que en un minuto llegaríamos.

En este momento fue cuando LO vi. Yo parada fuera del 7 eleven (mini market que está en cada calle con aire acondicionado y que muchas veces use solo para escapar del calor de afuera) con mi mochila gigante, sudando hasta por el codo, con cara de pocos amigos, con la boca abierta literalmente, vi en la vereda del frente al hombre más guapo que me había topado en este viaje. Alto, delgado, con nariz de flecha (puntiaguda y respingada), con mirada de niño, sonrisa de malo, camisa abierta, caminar de hombre seguro. 

Me enamoré.


Por unos 10 segundos me tengo que haber quedado parada viéndolo, con las moscas entrándome en la boca, como si las cientos de personas que andaban por esa calle se hubieran hecho transparentes, como si ya no hicieran 50 grados, como si ya no me importara no tener donde dormir,  como si una luz de show de Broadway apuntara justo lo que yo estaba viendo,  y mi amigo que me preguntaba que me pasaba…y yo sin responderle nada, hasta que el momento terminó. El nariz de flecha entró en alguna tiendita con su amigo, y yo volví a mi odio contra el mundo y mi transpiración.

Fui a ver el hostal y la verdad es que no era ninguna maravilla, era un dormitorio simple, chico y caluroso, pero privado y barato (200 bath), y como no vi ninguna rata, me quedé. Mandé a mi amigo a ver si llovía en la esquina y me encerré en mi pieza a llorar. Me sentía mal, sola, deprimida, y no sabía qué hacer. A eso de las 7 de la tarde me di cuenta que no había comido nada, así que salí de mi pieza con pijama, ojos hinchados de llorar 5 horas, con el pelo como loca, y la decisión de irme a India por 6 meses. El rumbo era el 7 eleven y comprar muchas papas fritas, leches con chocolate, cigarros, cerveza, dulces y todo lo que pudiera pasar por mi mente, para tapar la ansiedad que sentía.

Llegué solamente a la escalera del hostal…toda mi determinación se transformó en parálisis cuando LO vi de nuevo. El nariz de flecha estaba sentado en el suelo, al lado de la escalera, jugando con unos gatitos, de a lo más, un mes de nacidos (¿puede ser más tierno?). Volvió la luz de Broadway sobre él, se me volvió a abrir la boca, me volví a quedar parada, pero esta vez tomé conciencia de que tenía la cara llena de puntos rojos de tanto haber llorado, que mis ojos estaban hinchados y me dolían, que iba con pijama y sin haberme duchado después del paseo con la mochila, y JUSTO TENIA QUE ESTAR EL AHÍ!!!!!!!!


Rápidamente miré al otro lado y casi saltando arriba del él, bajé la escalera tratando de no hacer contacto visual. Cuando llegué al final de la escalera me di cuenta que tenía muchas ganas de jugar con los gatitos también (jugar con los animales es algo que me reconforta y relaja, no era por jugar con el nariz de flecha, y en ese momento necesitaba cariño aunque fuera de un gatito de 50 gramos) y me dije a mi misma: “a la mierda si este tipo te ve con la cara así, total seguramente su novia modelo llegará en cualquier momento y se irán felices tomados de la mano (con la luz de Broadway apuntándolos) a vivir la fiesta de su vida, mientras tú ni siquiera te darás el gusto de jugar con los gatitos”, así que subí la escalera, súper enojada internamente (por toda la película de la novia modelo y qué se yo) y OBVIAMENTE los gatitos se espantaron y se fueron a esconder. Ahí quedé yo, parada al borde de la escalera, cara con pintas rojas, ojos hinchados a morir, transpirada, pijama, pelo de loca. El, sentado en el suelo mirándome hacia arriba con sus ojos perfectos, su nariz hermosa, con la camisa abierta, y una media sonrisa con expresión de “me ahuyentaste los gatos loca de mierda” en lo que sería nuestra primera mirada a los ojos.

No me acuerdo bien si me rei o me quedé seria, me acuerdo que le pedí disculpas por haber hecho que se fueran los gatos, le expliqué que también tenía ganas de jugar con ellos pero que había sido muy brusca al volver. El me miró sin decir nada, se paró, me dio 3 besos y me dijo que se llamaba Renaud. Era francés, muy francés. Yo le dije que me llamaba Ana, y nos quedamos en silencio…de esos silencios incómodos y largos…los gatos no estaban, y yo pienso “bah este tipo será muy guapo pero no me dice nada, me voy a ir” y justo aparece Steward (el amigo con que lo vi en la calle) y me dice hola con una tremenda sonrisa, tenía una energía muy bonita, y me invita a tomar un whisky con ellos. Yo no digo nada, pero Renaud me dice que sí, que vayamos juntos a comprar y que podemos quedarnos en el hostal, que no hay problema por el ruido, con su inglés imperfecto y su acento francés (que me mata).

Yo seguía en pijama, pelo de loca, pintas rojas en la cara, ojos hinchados, y ahora muerta de hambre, sed y muy incómoda con el nariz de flecha al lado. Me sentía muy expuesta, porque cualquier persona se podía dar cuenta de que estaba pasando un mal momento, mis ojos y mi cara no los podía disimular con nada, y más encima tenía que estar al lado de EL sin poder hacer nada por mi apariencia, algo que finalmente me di cuenta, sólo me importaba a mí.  Les dije que si, así que fuimos a comprar un whisky tailandés (menos de un dólar la botella, era horrible), y algo para comer, y me olvidé del pijama, del pelo de loca, de los ojos rojos, y todo eso que no le importaba a nadie más que a mí.

Ese día nos quedamos en la habitación de sus amigos, tomamos el whisky (o dos), y conversamos y nos reímos mucho. Él, no hablaba inglés muy bien, pero nos dábamos a entender perfectamente, y la relación entre los tres fue muy entretenida, así que lo repetimos por 3 noches seguidas. Yo miraba a Renaud y me encantaba, él era muy simpático pero no notaba ningún interés en especial de él hacia mí, así que simplemente acepté en mi mente que sería uno de los tantos amigos que uno se hace en los hostales, y que en un par de días ya no vería.

Estaba equivocada…muy equivocada. Ese tercer día habíamos quedado de acuerdo, para ir juntos a sacar mi visa India al día siguiente, y él tenía que ir a la embajada de Francia, no me acuerdo para qué. En la tarde, estábamos con uno de sus amigos en mi dormitorio, los tres, amigos, muy amigos los tres, hasta que me fui al baño y cuando vuelvo lo encuentro solo…Volvieron las luces de Broadway, las moscas dentro de mi boca, aparecieron mariposas en mi estómago, y se me puso la cara fucsia. En una milésima de segundo pasaron muchos pensamientos por mi cabeza:
-         
      1.- Está solo porque Steward fue al baño, pero en cualquier momento va a volver. Salta encima de él, dale un beso, dile que te enamoraste el primer segundo que lo viste, que te encanta su cara de niño, que te enamora cada vez que se rie, que no sabes cómo portarte cuando estás con él, que te mueres de ganas de darle un beso, y acepta que te diga que no le gustas, pero hazlo! (el pensamiento negativo).

-          2.- Está solo porque me va a declarar su amor eterno, me dirá que nunca había visto una mujer que se viera tan linda llorando, que lo conquisté con mi forma de tomar whisky tailandés tan rápidamente, que mi pijama y pelo de loca son muy sexy, que también me vio ese día fuera del 7 eleven, y que quiere recorrer el mundo al lado mío  (todo esto en el máximo pensamiento positivo).

-          3.- Está solo porque me espera para decirme que se va para siempre y que no nos veremos más en la vida.

Al final no fue ninguna de las anteriores. Lo que pasó fue que él le pidió al amigo que se fuera, para poder estar solo conmigo porque yo le gustaba. El es muy directo, y con eso me mató.  Me salían arcoíris por las orejas, no podía creer que yo también le gustara, sobre todo después de haberme visto en las condiciones que me vio, contándole lo frustrada que me sentía, y tomando whisky barato sentada en el piso de un hostal de dudosa reputación. Ese día empezó nuestro romance, algo que se suponía iba a ser pasajero, un par de días, porque yo me iba a India, y él se iría al norte de Tailandia con los amigos.

Claramente al otro día no fuimos a sacar mi visa India porque estábamos en la onda in love, así que este fue mi primer intento fallido para sacar la visa. Quedamos de ir al día siguiente, pero era feriado porque era el cumpleaños de la reina de Tailandia, que es un magno evento en el país (no teníamos idea pero acá la familia real es venerada, hay fotos en las calles, el respeto es máximo, quizás por las penas de cárcel que te caerán encima, solo por hacer un comentario negativo con respecto a ellos), así que fue un segundo intento fallido. Al siguiente día iría a sacar mi visa, pero era fin de semana (viajando uno pierde noción del día de la semana en que está) así que tampoco pude sacarla. Tres intentos fallidos.


Primera foto dandonos un beso, Chiang Mai.



Me sumé al viaje al norte de Tailandia, Ren me propuso ir con ellos antes de empezar nuestro romance, y ahora que la situación había cambiado entre nosotros, yo no estaba muy segura de lo que iba a pasar con mi invitación. Conversando con él, supe que no estaba dispuesto a tener una relación, que estaba buscando paz en su vida y conocer gente pero nada que lo atara, así que pensé que quizás la ida a Chiang Mai sería sin mí. Me equivoqué, él si quería que fuéramos juntos igual que yo,  y que a la vuelta a Bangkok, sacara mi visa y me iba a India, y él se iba a Camboya con los amigos.

Finalmente tuvimos una pequeña telenovela venezolana, porque resultó que a Steward yo le gustaba, y cuando supo que Ren y yo estábamos juntos, ya no quería irse de viaje con nosotros, porque se sentía incómodo. Igual es entendible, pero tampoco es que estuviera enamorado… Igual fue mejor así, porque finalmente nos fuimos solos los dos, y pudimos conversar toda la noche en el bus, hacernos cariño, conocernos más, reírnos, salir a comer, arrendar una moto y recorrer. Hicimos muchas cosas entretenidas, conocimos gente, salimos en la noche, tuvimos aventuras en la moto. El tiempo que estuvimos en Chiang Mai (como 10 días) tuvo de todas las emociones, enojos, risas, aventuras, romanticismo, amistades, y fue acá cuando por primera vez me tomó la mano, un día que salimos a comer a un restaurant italiano, para darnos un gustito ya que viajábamos con bajo presupuesto. Yo iba con un vestido rosado, y el con short y una camisa negra, abierta como me gustaba a mí. Caminábamos por la calle, de noche, y de repente me toma la mano y yo volví a sentir la luz de Broadway que caía sobre nosotros. Los arcoíris salían por mis orejas, la sonrisa casi me rajaba la piel de la cara, pero no le dije nada, porque yo sabía que él no era un tipo muy romántico, y que él hubiera hecho eso era un gran paso para él (después de una relación amorosa horrible que lo dejo sin ganas de volver a tener otra novia), así que solo me dediqué a disfrutarlo y caminar al ladito de él (con la mano toda transpirada entre el nervio y el calor y humedad terrible de Tailandia jajaja).



Bueno para hacer la historia corta (porque ya ha sido lo suficientemente larga), finalmente un día conversando, me pidió que fuéramos juntos a Camboya, y yo después de pensarlo (porque tenía a India esperándome) le dije que bueno. A él le quedaban 5 semanas de viaje antes de volver a Francia, así que decidí hacer lo que se me diera la gana, total nadie me obligaba a ir a India en ese momento, y nos fuimos juntos. Pasamos por mil y una cosas, dormimos en muchos hostales de mala muerte, cruzamos a dedo la frontera Camboya-Tailandia hasta una isla donde nos quedamos 8 días antes de que el se fuera, tuvimos una pelea después de que nos separáramos por 5 días para tener “tiempo a solas”, estuve en el hospital, casi muero en un bote (hubo una tormenta terrible) rumbo a la isla donde nos íbamos a juntar después del tiempo a solas, y pasamos muy lindos días también juntos en un bungalow en la playa conversando de la vida sin que nadie nos interrumpiera. Fue en esta isla donde conversamos tooooodo el día, que nos dimos cuenta que nuestros planes a futuro eran los mismos: queríamos hacer la visa work and holiday Australia antes de cumplir los 31 porque después no podíamos. Era muy extraño que hasta ese momento no hubiéramos hablado de eso, finalmente es algo importante y un plan para un año completo, así que quedamos en que él volvería a Francia a trabajar por 6 meses, y yo me iría a viajar por India por 6 meses, y nos encontraríamos en Australia para seguir con nuestra historia y ver qué pasaba. Estábamos felices con nuestro plan, aunque (ahora lo sé porque lo conversamos después) los dos sabíamos que era difícil que nuestra relación continuara igual, porque en 6 meses claramente conoceríamos otra gente, y al juntarnos ya no sería lo mismo, pero no teníamos otra opción, así que lo asumimos lo mejor posible y con todas las energías puestas en eso.



Angkor Wat, Camboya, con cara de insectos.


El día que se iba, amanecí con un nudo en la garganta terrible, me quería poner a llorar y no parar más. Habíamos estado juntos un mes y medio, y de repente me iba a quedar “sola” de nuevo, y tenía una angustia terrible. Quería que se quedara y seguir con nuestro romance, pero no era posible ya que tenía que volver. Ese 29 de Septiembre fue un día de mierda, salimos atrasados del hostal al aeropuerto, en el bus no podía ni mirarlo porque tenía la lágrima lista para atacar, así que todo el viaje fue prácticamente en silencio, cosa muuuy difícil para nosotros que somos muy habladores. En el aeropuerto cuando llegó el momento de despedirse fue como de película, fue bajo una escalera mecánica, porque yo no podía subir con él. Toda la gente nos miraba porque ya no me podía aguantar el llanto, él me abrazaba y daba besos y decía que 6 meses pasarían rápido, que íbamos a estar bien, que disfrutara porque era yo la que seguiría viajando, etc.

Se devolvió de la escalera 3 veces para despedirse otra vez y casi perdió el vuelo, cuando se fue casi me muero de pena, verlo en esa escalera mecánica fue horrible. Parecía que la escalera era de un kilómetro porque no llegaba nunca la hora de no verlo más, era como una tortura leeeenta y sádica. Cuando llego arriba me grito: “I will miss you chilli girl” y se fue corriendo. Yo me fui llorando como la chilindrina y toda la gente me miraba. Tenía muchas ganas de que alguien me chocara el brazo sin querer, para pegarle y sacar toda la frustración que tenía dentro de mí, pero no pasó (que bueno), así que me fui al hostal a buscar mi mochila, y cambiarme al hostal de una amiga que encontré el día anterior como un milagro llegado en el mejor momento.

Esa despedida fue terrible, no se la doy ni a mi peor enemigo. La gente cree que los que viajan lo pasan súper bien todo el tiempo, que estoy tomando sol todo el día y comiendo y tomando piñas coladas, pero la verdad es que no es así (todo el tiempo). Hay muchas cosas difíciles de vivir, situaciones complicadas, sobre todo cuando estás sola, que no tienes como explicárselas a tus amigos por whatsapp. Hay días malos en los que lo único que quieres es tener a alguien conocido que te de un abrazo, o poder hablar de corrido sin tener que detenerte a explicar lo que significa una cosa o traducir al inglés todo el tiempo. Ese día fue uno de los más difíciles, y a todo lo que pasó hay que agregarle que, por cuarta vez, no pude sacar mi visa india, esta vez porque hubo un atentado terrorista en Bangkok, así que la embajada decidió suspender todos los trámites de visas para ciudadanos no tailandeses, por lo que de nuevo quedé en el limbo sin saber qué hacer

Ya en el hostal conversé con mi amiga, ella se iba a India asi que lo tomé como un indicio y me puse a programar parte del viaje con ellas. Como ya no podía tomar la visa en Tailandia, me dio la locura y me compré un pasaje a Kuala Lumpur y me fui para allá a sacar la “bendita” visa india. Obviamente, por quinta vez no pude sacarla, ya que estaban actualizando el sistema informático del bendito consulado en Kuala Lumpur, así que tenía que esperar un par de días. En ese tiempo yo hablaba con Ren todos los días, nos mandábamos emails eternos, y yo me sentía cada día más conectada con él. Había decidido ser positiva, y agradecer que al menos en 6 meses podríamos vernos, viajar juntos, vivir juntos, y ver lo que pasaba entre nosotros, así que decidí no sufrir, y empecé a entusiasmarme con la idea de estar en India por un largo tiempo, viajar mucho, moverme sola y acompañada, visitar amigos, hacer cursos y muchas cosas más.

Unos 4 días después, fui al consulado con mi mejor ropa y cara para sacar la visa. SEXTA VEZ QUE NO PUEDO SACAR LA PUTA VISA. Esta vez era porque estaban actualizando los precios, entonces como no sabían cuánto tenía que pagar, no podían empezar el trámite, por lo que tenía que esperar mínimo una semana más.

Yo a estas alturas pensé que el universo me estaba mandando un mensaje. No he conocido a nadie que no haya podido sacar una visa 6 veces seguidas y en dos países distintos, ésto tenía que tener algo mágico detrás, quizás no era mi destino irme a India, quizás no era mi destino esperar 6 meses para estar con el hombre que amaba, quizás tenía que cambiar de plan.

Llegué en la noche a hablar con Ren por facebook, y le pregunté: “¿qué pasa si te voy a ver a Francia el fin de semana y nos tomamos un helado?”, cuando apreté Enter no me pude mover, me bajó una ansiedad terrible porque realmente no había pensado lo que había escrito… Me respondió muy rápido, que por favor lo esperara 5 minutos y me sentí muy mal. O sea, ni siquiera me había respondido la pregunta que le hice, no era una pregunta seria, sólo era un juego para ver qué me decía. La verdad es que nunca había pensado ni siquiera en la posibilidad de irme a Francia, tampoco es algo que haya conversado con él, ni algo que él me haya pedido. Fue solamente una pregunta que me salió de la nada, sin pensar, sin intención…o quizás si…a veces el subconsciente trabaja en niveles que no podemos comprender, a veces nos juega chueco, a veces nos enreda los pensamientos, a veces nos auto saboteamos.

En esos minutos yo salí a fumar un cigarro, vi unos niños pasar en bicicleta y me puse a pensar en la inmortalidad del cangrejo. Era Jueves 8 de Octubre en Kuala Lumpur.

En verdad para mí no había sido un juego (ahora me doy cuenta), yo lo extrañaba y quería estar con él AHORA, no en 6 meses más. Hablábamos todos los días diciendo que nos extrañábamos, que no sería fácil, que 6  meses era mucho tiempo, y yo me había arriesgado (bueno no tanto, porque podía zafar de la pregunta argumentando que era un juego) a preguntarle qué pensaba de vernos el fin de semana. Igual él no sabía que yo era loca, que si me daban ganas de hacer algo lo hacía por muy improbable, inoportuno, loco, fuera de lo normal que fuera, así que tomarnos un helado el fin de semana era una idea que seguramente él no tomaría en serio.

Pasaron los 5 minutos y vi que tenía un mensaje de él…me dice que acababa de hablar con su familia (que ya sabían de mi existencia y visto fotos de los dos) y que no sabía cómo lo haríamos, pero que quería estar conmigo, y si quería ir a Francia, me esperaba él y su familia con los brazos abiertos; pero que él sabía que yo quería ir a India y si lo hacía, él lo aceptaba y lo entendía 100%... Acá me bajó la loca máxima, le pregunté unas 5 veces si me estaba hablando en serio, y cuando estuve segura de que me estaba hablando en serio, le pedí a un amigo que me comprara un pasaje solo de ida a Marsella para el Sábado, o sea, menos de 48 horas más.

El Domingo 11 en la tarde, lo estaba abrazando, con el estómago lleno de mariposas, en Francia, con mi mochila en el suelo llena de shorts y vestidos, llegando al invierno europeo, con 50 dólares en el bolsillo y sin plan. Pero estaba donde quería estar, y lo más importante, con quien quería estar, enamorada hasta las patas, viendo esos ojitos de niño, hundiéndome en su abrazo, y me sentí feliz, sin angustia, como si lo que estaba haciendo era lo correcto, no era una locura…o si lo era, no me importaba, hace tiempo dejé de hacer lo que se supone tengo que hacer.


Juntos al sur de Francia un par de días despues de mi llegada.

Esta historia continuará...